The one and only Ann.

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Sin bragas y a lo loco.

El otro día, intentando huir de mis apuntes y mis obligaciones de estudiante, me puse a tender la ropa. Y yo,como soy una emocionada de la vida tendiendo la ropa, no se como lo hice para que se me cayeran unos calcetines en la terraza del vecino. Bien, muy bien. 

Podeis pensar que no hay nada de extraño en eso, el caso es que sí lo hay…. Cuando una chica de campo como yo llegó a Barcelona,  no se imaginaba que tendiendo la ropa en un segundo cabía la posibilidad de que esta cayese en el patio del vecino, total, en mi casa puedo contar con los dedos de las manos las veces que he tendido ropa, y si se caía, no solía pasar del suelo. La cuestión es que mis braguitas de encaje rosa se dejaron caer sutilmente por la terraza del vecino. Que percal. ¿Y ahora qué? Tuve que bajar, no sin antes acicalarme como una respetable señorita, y, después de llamar unas 5 veces pude recuperar mi ropa interior. ”Nunca más pasará esto” me prometí a mi misma. Des de entonces dejo secar mi ropa interior en otro sitio. 

Así, el otro día, cuando se me cayeron los calcetines pensé bueno, al menos esta vez son calcetines. Bajé al primer piso, toqué la puerta de la vecina y le dije algo como ”Hola, vivo arriba y tendiendo la ropa se me han caído unos calcetines en su patio, venía a recuperarlos” No faltaron las sonrisas inocentes, ni la voz dulce. Pero todo eso se disipó cuando la vecina del primero apareció con los calcetines y una de mis bragas transparentes. Genial, todo genial. 

Supongo que mi cara se puso más roja que una piruleta, a parte de que no tenia ni idea de que hacia mi ropa interior de nuevo en su patio. ”¿Te refieres a esto?” Dijo con mala cara ”Hemms sí, supongo que sí…” Recogí mis pertinencias con cara de incertidumbre y subí de nuevo a mi casa mientras trataba de averiguar como habían llegado hasta el patio de la vecina de nuevo mis bragas.

Lo entendí todo cuando entré en casa y mi compañero de piso me dijo ” ¿Se te han caído otra vez?” Si, a mí también me hace muchísima gracia que me tiren las bragas transparentes al patio de los vecinos. De verdad, que muero de la risa…

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La mafia de las carpetas.

Una cosa curiosa que me llamó la atención una vez llegué a Barcelona, fue encontrarme la calle repleta de curiosos personajes caracterizados por llevar una carpeta entre las manos.

En un primer momento pueden parecer graciosos, simpáticos o amables, ese tipo de gente a la que le dedicarías una sonrisa. Pero no os dejéis engañar, los hombres de las carpetas, como suelo llamarles yo, son cuales Dementores contratados para succionarte el alma de tal modo que acabes por afiliarte a sus ONGs o asociaciones. 

Todo empieza siempre con la típica preguntita de ”Perdona, ¿Tienes un minutito?” La mayoría de gente, entre la que me incluyo suele decir ”No, tengo mucha prisa” y es que esta gente ha nacido con un especie de radar para detectar los momentos en los que más prisa tienes, ya sea porque tienes que entregar un trabajo en media hora y aún tienes que hacerlo, porque has quedado con tu abuela para tomar el té o simplemente porque te duelen los pies y quieres una piruleta. 

Bueno, esta gente, siempre contraataca con el ”Tranquilo, solo es un minuto” Eso que ellos llaman un minuto, suele ser el tiempo que hace falta para envejecer ahí de pie, mientras un chico con pintas de Hippy idealista te suelta el rollo y un mono toca los platillos dentro de tu cabeza.

Después, cuando les dices que no te interesa, pasan a la fase ”hacerte sentir la peor persona del mundo” haciendo que la opción de suicidio se te presente como un bien para la humanidad.

El caso es que, después de sufrir esto en nuestras propias carnes, mi compañero de aventuras y yo decidimos idear una táctica sumamente astuta para evadir a los carpesianos:

El otro día, caminaba apresurada por l’Illa, cuando uno de estos robadores de almas me interceptó. Era mi oportunidad de comprobar la efectividad de nuestra calibrada arma; Después de un minuto torrandola, se le ocurrió que debía saber mi nombre. Y ahí es cuando ataqué con mi florete.

-Perdona, no te he preguntado el nombre

-Me llamo A, y de verdad que tengo mucha prisa, tengo que entregar un trabajo en una hora y aún tengo que llegar a casa y hacerlo

-Bueno si quieres puedes darme tu numero de teléfono y te llamo

-Podría, pero soy menor de edad

-¡Mentira! Tienes 23 años

(¿23? WTF!! )

-Nono, tengo 17

-Bueno en ese caso, dos besos al menos, e infórmate en internet para cuando tengas la edad

(Que pena, vivo en una cueva a la luz de las velas…)

Mientras trataba de alejarme de allí lo mas rápido posible, tres incógnitas se aparecían en mi cabeza.

1- ¿De verdad aparentaba 23 años?

2-¿Eso había sido un intento de ligue?

3- ¿Había funcionado mi estrategia de evasión?

A las dos primeras no supe contestarlas, pero a la tercera puedo responder con alegría que TRAP AVOIDED. 

Así que yo calificaría esto como; Crónica de como se me escapó una víctima, Por un carpesiano.